"Píldoras de Historia"

La epidemia de gripe de 1918

Hace ahora cien años en Liébana se luchaba contra la epidemia de gripe, la "gripe española", que tantos muertos causó en el conjunto del país y en muchos otros países. Había sido en primavera cuando se había desarrollado una primera fase pero fue acabando el verano cuando volvió con gran fuerza, al parecer traída por soldados portugueses que regresaban de Francia a su país terminada la Guerra Mundial.

En Liébana las noticias que llegaban del resto del país llevaron a que el 21 de septiembre se reuniera la Junta de Sanidad que, para prevenir la llegada de la enfermedad, adoptó tres medidas, importantes para mejorar la salubridad pública, pero poco eficaces ante la gripe: ordenar la limpieza del matadero, inspeccionar cuadras y establos y prohibir la venta de pescado en el centro de Potes, donde hasta entonces se vendía. El alcalde de Potes, siguiendo esas indicaciones, publicó un bando en el que recomendaba, además, que el «vecindario procure por todos los medios el aseo y limpieza de las viviendas diariamente y de los retretes y escusados», ordenaba sacar el estiércol de las cuadras a, al menos, cien metros del pueblo y prohibía que los cerdos circularan por las calles públicas. Su efectividad, sin embargo, fue mínima ante la imposibilidad de hacerlo cumplir.

Los consejos que, a mediados de octubre, un anónimo, que debía ser el médico, daba desde Cereceda en La Voz de Liébana, insistían en la limpieza de los hogares y en que cuando «sientan los primeros síntomas, como en esta tierra es imposible una asidua y, sobre todo, pronta atención médica, deben encamarse enseguida, purgarse y tomar sudoríficos hasta que el facultativo mande otra cosa. No deben levantarse hasta sentirse completamente bien, no tienen que fiarse de apariencias; porque las recaídas y el abandono de los primeros y sencillos cuidados dan un número elevado de enfermos graves».

Las clases se habían suspendido por lo que estudiantes lebaniegos en centros fuera de la comarca volvieron a la misma. Otros 150 lebaniegos, aproximadamente, estaban convocados en Santander para asistir como testigos a dos juicios que se iban a celebrar entre el 7 y el 12 de noviembre. El mismo día 7 llegó a Potes la noticia de la suspensión, pero ya muchos de los lebaniegos estaban en la capital y algunos de ellos «cayeron enfermos al regresar a sus casas y han llevado el contagio a sus familias», informaba La Voz de Liébana.

Ya en su número del 31 de octubre el periódico santanderino La Atalaya informaba de que en Cabezón de Liébana había un caso grave y una defunción mientras en Pesaguero se había producido un nuevo caso y había otra defunción. Al día siguiente daba cuenta de que en Camaleño había 40 casos y se reclamaba el envío de desinfectantes y medicamentos, que se reclamaban también desde Vega de Liébana, donde se añadía que «se carece en absoluto de médico» y que había muchos «atacados». El día 2 se cifraba en 61 los casos de Cabezón de Liébana, de ellos 5 graves y la defunción ya anunciada.

En El Cantábrico del día 3 se señalaba que se habían enviado a Liébana 100 kilos de medicamentos y desinfectantes costeados por la Diputación.

En La Voz de Liébana se indicaba que en los primeros días de la epidemia cayeron enfermos los médicos de Cabezón, La Vega y Espinama y el médico libre Nazario Fraile, lo que dejó a muchos pueblos sin atención médica ya que, aunque «los demás médicos se multiplicaron por asistir a sus enfermos, [...] era tan grande el número, son tan largas las distancias y tan malos los caminos, que les era de todo punto imposible visitar sus propios enfermos cuanto más atender a los de sus compañeros». Además, decía, «los medicamentos indicados para esta infección han llegado a faltar en las farmacias; se han reclamado con urgencia médicos y medicamentos y ha sido inútil».

Seguía La Voz de Liébana indicando que «todos los médicos han cumplido con creces con su deber pero el héroe de la jornada es el veterano don Gregorio Muñiz, titular de Potes. Con sus 80 años ha estado visitando 150 y 200 enfermos cada día. Y como siempre, bondadoso, sonriente, llevando a los enfermos no sólo los auxilios de la ciencia, sino lo que en muchas ocasiones vale tanto o más, el consuelo, la esperanza». Se habla de la medalla propuesta para él por El Cantábrico y se destaca también la labor de sacerdotes, farmacéuticos y practicantes y el «movimiento de solidaridad ante el peligro» suscitado entre el vecindario.

La epidemia, entre tanto, proseguía y el día 7 de noviembre morían en Potes cuatro afectados, según las informaciones de aquel día. En La Vega, el médico enviado por el Gobierno, que, finalmente, sí que llegó, indicaba que visitaba diariamente a 300 afectados, muchos con bronconeumonía, destacando que en el pueblo de Villaverde todos sus vecinos se encontraban en cama. Añade El Cantábrico que «en este pueblo se ha llegado a que los cadáveres se mezclen con los enfermos en las mismas habitaciones y hasta en las mismas camas» y precisa que «algunos atacados murieron por falta de asistencia, y en particular por la carencia de alimentos y la escasez de medicinas».

En su número del 15 de noviembre La Voz de Liébana daba por superado el periodo álgido de la enfermedad en Potes pero no así en los valles, en los que teme que haya muchas víctimas tanto por las malas condiciones higiénicas como por la carencia de pronta asistencia médica y tener que desplazarse hasta Potes a por los medicamentos prescritos y porque los labradores no pueden desatender sus labores que «le obligan a mantenerse en pie mientras conserve fuerzas para ello y solo se decide a meterse en la cama cuando ya no puede más». Y lo ejemplifica: «uno de los médicos que asisten en los Valles, ha dicho que ha encontrado por los caminos, tras de los ganados, enfermos con más de 40 grados de calentura, en días fríos y lluviosos».

La Atalaya, el 19, acompaña al senador Conde de la Mansilla en su viaje a la comarca y hace un resumen de la epidemia en ella. En total, unos 2.000 enfermos. La epidemia comenzó por Cillorigo, donde llegó a haber 400 enfermos al mismo tiempo, médico incluido (se pidió sustituto, que todavía están esperando). De Madrid enviaron una caja de lo que resultó ser mayormente brea y alcanfor. «Gracias a un súbdito alemán que llevó algunos medicamentos apropiados y a que se formó una Junta de vecinos que adquirió otros, no se ha carecido en absoluto de lo necesario para combatir la enfermedad».

En la farmacia de Potes, aun queda algún medicamento de los «adquiridos por la Junta de vecinos pudientes o de los dejados por el súbdito alemán». Del médico Gregorio Muñiz dice que llegó a atender en un día a 337 enfermos. Ha habido casas con siete enfermos simultáneos. En total, en Potes unas 30 defunciones, cuatro o cinco diarias cuando llegó al máximum. Quedan cuatro enfermos graves y bastantes leves. Destaca que ha habido afectados muchos jóvenes y «sobre todo entre los alcohólicos».

En Camaleño, de 4.000 habitantes hubo 400 atacados y 22 muertes. Quedan 180 de los que 20 son graves. En Pembes llegó a haber 70 atacados en cama. En Pido, también 70 enfermos llegó a haber, 4 graves. En las Ilces, enfermos en todas las casas. El médico de Espinama pasó la enfermedad de pie y aún está en convalecencia. El conde de Mansilla, senador, le entrega en su visita «aceite alcanforado, sueros antidiftéricos y antiestreptococoico, piramidón, sinapismos y aspirina Bayer», lo mismo que deja en Cillorigo.

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En La Voz de Liébana, el 20 de noviembre, dan por superada la epidemia, sin nuevos casos y sanando los enfermos que quedan. Se recibe crítica al único médico que envió el Gobierno, el de La Vega. El Ayuntamiento le pagaba 50 ptas/día y otras 25 el Gobierno y tenía coche y caballo pagados. Así con todo, cobraba 2 pesetas por cada enfermo «de modo que si en una casa había tres enfermos reclamaba seis pesetas». Dada la penuria de muchas familias, no podían permitirse esos pagos. Según el médico, las 75 pesetas eran por asistir a los pobres que figuraban en la lista del Ayuntamiento como tales. Con 80 enfermos que llegó a haber, ha cobrado unas 200-250 ptas/día.

El 5 de enero de 1919 La Voz de Liébana quiso recordar a todas las víctimas mortales que hubo en Liébana. De esa relación se desprenden los siguientes datos sobre fallecidos en los distintos municipios de la comarca:

Potes: 24 más 1 por «catarro bronco», otros 2 por bronconeumonía y 1 por «catarro bronco pulmonar». El primer fallecido fue el 9 de octubre (Carmen Rodríguez Rodríguez, de 28 años) y el último en el que aparece la palabra gripe el 10 de noviembre (Jesusa Serna Gómez, 15 años), aunque el 10 de diciembre falleció Josefa Pérez Rodríguez de 67 años por el citado «catarro bronco pulmonar». El día de mayor mortalidad fue el 31 de octubre en el que, de los siete fallecidos, cinco lo fueron por la gripe.

Cabezón de Liébana: 36 más 1 (el primero, del 20 de octubre, Marcos Gutiérrez García, de Cahecho) de bronco neumonía y otra de «pneumonía». El primero que alude directamente a la gripe fue Victoriano Garrido Mediavilla, de 62 años, el 27 de octubre en Cabezón. Los últimos del año, el 31 de diciembre, Elías Noriega Gómez, de 11 años, y Francisco Cabeza, de 60, en Perrozo y Frama, respectivamente. Los días de mayor mortalidad, con tres muertos en cada uno, fueron el 13 y el 21 de noviembre.

Camaleño: 30 más 6 por bronquitis, 2 por «fiebre catarral» y 1 por «pleuro-pneumonía», que fue la primera el 20 de octubre (Inés Linares, de 84 años, en Baró). El primero atribuido directamente a la gripe el 26 de octubre en Espinama (José Campo, 21 años). El último, también en Espinama, el 21 de diciembre (José Celis, 18 años).

Cillorigo: 29. El primero el 17 de octubre, Eleuterio Polantinos, de 43 años, en Aliezo; la última, el 4 de diciembre, Beatriz Gaipo, de 23 años, en Bedoya. El 27 de octubre, con tres fallecidos, fue el de mayor mortalidad.

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Pesaguero: 12. El primero el 24 de octubre en Lerones (Manuel Cosío Corral, de 38 años). El último, también en Lerones el 28 de diciembre (Romualda Martínez, de 60 años). El 28 de octubre fue el peor día, con dos fallecidos.

Vega de Liébana: 44 más 4 de bronco-pneumonía, 1 de pneumonía y 1 de bronquitis crónica. El primero, el 30 de octubre (Agapito García Peña, de 3 años, en Valmeo); la última, Ambrosia Fuente Fuente, de 13 años, el 30 de diciembre en Toranzo. Los peores días: el 4 y el 12 de noviembre, con cuatro fallecidos en cada uno de ellos.

Peñarrubia: 10 fallecidos entre el 23 de octubre y el 2 de noviembre de entre 1 y 54 años. El 23 y el 26 de octubre fallecieron 3 personas cada día. 9 de los fallecidos lo fueron en La Hermida y su barrio de Caldas.

En total, por tanto, si nos ceñimos a las causas de muerte que señalan "gripe" o algo "gripal" ("catarro gripal", "ataque gripal", "afección gripal"...), 185 personas se cobró la epidemia entre octubre y diciembre de 1918 en Liébana y Peñarrubia, que suben hasta 206 si incorporamos otras causas de muerte que pudieran estar relacionadas. A ellas se añadiría alguna más a principios de 1919. Entre los fallecidos muchos eran familiares entre sí, como varios matrimonios que dejaron numerosos huérfanos. El caso más llamativo es el del matrimonio Antonio Bores y Juana Heras, que fallecieron el mismo día, uno después de que muriera una hija de 6 años, que «dejan en la mayor orfandad y desamparo siete hijos pequeños».

Añadamos, por último, que por Real Orden del 16 de enero de 1923 se concedió a don Gregorio Muñiz Valbuena la Cruz de Beneficencia de primera clase «por sus abnegados, caritativos y valerosos servicios prestados con motivo de le epidemia gripal que invadió la Villa de Potes».

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