Al cumplirse 90 años de la Guerra Civil española, nos proponemos acercarnos a su desarrollo en Liébana, haciendo un recorrido casi diario por los acontecimientos
Anterior: 1 de octubre de 1936. Inicio: 17 de julio de 1936.
Este día encontramos dos intentos de los dirigentes de la provincia por poner bajo control a los frentes populares. Por un lado, el gobernador civil, Juan Ruiz Olazarán, emite una orden para restablecer en todos los pueblos la función de los ayuntamientos. Así, «para evitar los dualismos que se producen en la mayor parte de los términos municipales entre dichos organismos oficiales y las diferentes delegaciones del Frente Popular, vengo en disponer lo siguiente:
Primero. A partir de la publicación de la presente disposición, en aquellos Municipios donde la perturbación producida por el levantamiento fascista hubiese determinado la creación de Comisiones o Delegaciones del Frente Popular encargadas de regular en sus distintos aspectos la vida administrativa de los pueblos, se restablecerá enteramente la función municipal, dependiendo exclusivamente de estos organismos la gestión administrativa y la función, por tanto, de velar por el abastecimiento, sanidad, etcétera, etc.
Segundo. En aquellos Municipios donde la constitución de las Gestoras no responda a las necesidades del momento, previa propuesta del Frente Popular correspondiente, se procederá a la ampliación o modificación que se estime necesaria.
Tercero. Los Frentes Populares formularán las propuestas de modificación de aquellas Gestoras o Juntas vecinales de los pueblos limítrofes en los que no exista constituido Frente Popular u organización de izquierdas.
Espero de todos los ciudadanos antifascistas el cumplimiento de lo expuesto».
Por otro lado, en la misma línea, se publica una dura nota de Bruno Alonso, Comisario General de Guerra, que reproducimos:
«Diariamente observa esta Comisaría la lectura en nuestra Prensa de notas y noticias de individuos y Comités que se abrogan representaciones que no pueden tolerarse.
La gente no se ha convencido aún que vivimos en plena guerra. Una guerra de las más crueles que registra nuestra historia, y que, además de ser de las más crueles, es de las más odiosas, porque se desarrolla en nuestro propio país, al que desangran y arruinan los que, en nombre de su patria, traen del campo africano a las hordas marroquíes.
Vivimos en plena guerra de fascistas y antifascistas, de liberales y reaccionarios, de los que quieren su dictadura volviendo a los tiempos del señor y del amo, y los que, por el contrario, queremos vivir libres de señores y de tiranos.
Para dirigir esta lucha del pueblo contra sus verdugos se han elegido unos hombres que llevan sobre sus hombros la grave responsabilidad de nuestras operaciones, y es preciso que comprendan todos que no hay ni puede haber más que ¡un solo mando!, una sola dirección y una sola disciplina, y quien no lo quiera comprender así hay que hacérselo comprender rápidamente, aunque para ello se precise un escarmiento.
Si las fuerzas se obligan a obedecer ciegamente a sus mandos, aguantando y soportando el fuego del enemigo y todas las inclemencias de la campaña, es preciso que los demás obedezcan en la retaguardia.
Todos los servicios tienen su esfera propia, pero a la vez todos ellos están sujetos a guerra, y a la guerra servimos todos.
Sépanlo, pues, de una vez, todos. Estamos en guerra, guerra terrible y mortífera, y la tenemos que servir todos con ciega obediencia. Hay que limpiar de la Prensa ese fárrago constante de anuncios de Comités, de Jefaturas y autoridades que se confunden con los órganos oficiales que hemos elegido todos.
No hay más autoridad que el Gobierno civil y sus Direcciones generales, con sus respectivos órganos delegados y responsables.
Hay que vivir y morir al servicio de la guerra. Ese, y no otro, es el deber de todos».
La Gaceta publica la orden que llama a filas a los reemplazos de 1932 y 1933 que se encuentren en, entre otras, la provincia de Santander. Además, se establece que las milicias voluntarias «tendrán carácter, condición y fuero militar», en el caso de las del norte de la Península, desde el 20 de octubre.
La Dirección General de Comercio publica una nota en la que advierte a comerciantes y organismos del Frente Popular que «esta Dirección General no se hace responsable de ninguna clase de compras que se hagan con vale que no vayan debidamente autorizadas y avaladas con el sello y firma del Comité local de este departamento».
A nivel nacional destaca que por primera vez desde el estallido de la sublevación se reúnen las Cortes, en una sesión en la que se aprueba el Estatuto Vasco.
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