Al cumplirse 90 años de la Guerra Civil española, nos proponemos acercarnos a su desarrollo en Liébana, haciendo un recorrido casi diario por los acontecimientos
Anterior: 2 de octubre de 1936. Inicio: 17 de julio de 1936.
Son condenados a muerte por el Tribunal Popular dos soldados que intentaron pasarse al bando nacional en la zona de Reinosa.
El comisario de Guerra, Bruno Alonso, hace un llamamiento «al pueblo de Santander», a sus familias, para que se desprendan de una o más mantas y las entreguen por estar «próxima la temporada de invierno en que nuestros milicianos y demás fuerzas leales al régimen necesitan protegerse del frío». Y avisa de que «espera que, por el interés de la causa antifascista y por el patriotismo de todos los montañeses, no habrá necesidad de recurrir a otros procedimientos».
En el mismo sentido, la Dirección General de Asistencia Social emite una nota en la que muestra su reconocimiento a todos los que han contribuido con ropa, efectos y metálico a sus fines, comunica que se van a publicar las listas de donantes y advierte que «también se están confeccionando, para su oportuna publicación, listas de aquellas otras personas y entidades pudientes que, debiendo hacerlo, no se han dignado atender, aún, los reiterados llamamientos hechos para esta obra de solidaridad».
Se siguen publicando en la prensa anuncios que piden «disciplina de la retaguardia». Uno, en El Diario Montañés, dice: «Uno de los más imperiosos deberes de cuantos viven y actúan en la retaguardia es el ahorro de artículos y productos necesarios para el sostenimiento de los combatientes y de la población civil. El derroche es una colaboración inconsciente con el enemigo. Todos los antifascistas, todos los defensores de la libertad, deben limitar sus necesidades al mínimun. Hay que ahorrar el agua, la electricidad, la gasolina. De estos tres elementos sólo debe usarse la cantidad indispensable. Un litro menos de agua, una hora menos de luz, un litro menos de gasolina constituyen también una contribución a la victoria».
Por la Federación Cultural Deportiva Obrera, en su Sección de Montaña y Nieve, «a todos los alpinistas y esquiadores, a todos los deportistas de montaña de la provincia de Santander, se les invita a inscribirse en la columna que organizamos debidamente autorizados por el Comité de Milicias», culminando con un «¡Jóvenes deportistas, la República os llama!».
La Dirección General de Agricultura emite una orden en la que, ante la escasez de cerdos cebados para el abastecimiento de la provincia, prohíbe el sacrificio de cerdos en domicilios particulares, estableciendo que «todos los cerdos serán sacrificados en los mataderos municipales o locales habilitados al efecto, y destinados sus productos a la venta libre o racionada por los respectivos Comités de Abastos, si las circunstancias locales lo exigieran».
El Comité de Comunicaciones da cuarenta y ocho horas a quienes posean aparatos de radio para quitar las antenas.
La Dirección General de Trabajo fija en ocho horas, distribuidas en dos medias jornadas separadas por un descanso de dos horas, la jornada laboral en los comercios del ramo de la alimentación.
Por lo demás, siguen partiendo para el frente columnas de milicianos. Una desfila este día por las calles de Santander, entre muestras de aclamación.
Siguiente: 4 de octubre de 1936.