Píldoras de Historia

80 años de la toma de Potes

02/09/2017

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Media tarde del 2 de septiembre de 1937. Convergen en Potes la VI Brigada de Navarra, que ha entrado a Liébana desde Lamasón, y la II Brigada de Castilla, que lo ha hecho por Piedras Luengas. Las fuerzas franquistas no encuentran oposición en un pueblo que había sido abandonado por los milicianos republicanos.

«El pueblo de Potes en sus dos terceras partes está destruido y quemado, duran aun los incendios cuando entramos en el pueblo. Se cogen al enemigo 2 almacenes de víveres, 3 coches ligeros y un camión; un depósito de dinamita, 6000 kg de harina y un equipo óptico.»

Este es uno de los partes emitidos por los ocupantes. Otro destaca otros tristes hechos:

«A las 16 horas de ayer se ocupó Potes, cogiéndose un gran depósito de munición y armamento. En esta población los rojos asesinaron a los presos de derechas cometiendo verdaderas salvajadas. Nuestras tropas fueron acogidas con inmenso júbilo. Hoy ha proseguido el avance hasta el último pueblo del valle de Potes, habiéndose ocupado Bembes [sic]. Otras fuerzas han ocupado hasta las alturas de Santa Eulalia y a Cándenos. Es numerosísimo el armamento cogido al enemigo entre el que se cuentan 8 piezas del 10.5.»

Había sido el 31 de agosto cuando las tropas republicanas en Liébana habían recibido la orden de retirarse hacia Asturias, junto con la población civil. A las 9 de la mañana de aquel día dieron orden de que en 24 horas todos los habitantes de Potes evacuaran la Villa y se dirigieran hacia Asturias. La mayoría de ellos, sin embargo, optó por retirarse a pueblos próximos o a los montes.

«Sin esperar a que venciera el plazo determinado, esa noche una compañía de dinamiteros asturianos que acababa de llegar a Potes de retirada de otros frentes, al mando del comandante San Emeterio, comenzó a destruir la villa lebaniega. Saqueados los edificios, los dinamiteros los volaban con dinamita y bombas de mano. Sesenta casas ardieron esa terrible noche, mientras los vecinos, sumidos en la impotencia y el dolor, presenciaban el triste espectáculo. De la destrucción no se salvó ni el Hospital Municipal ni el cuartel de la Guardia Civil, ni la administración de Correos. Los mejores edificios, muchos de gran valor histórico, quedaron reducidos a escombros.»

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Esto cuenta Fernando Obregón, en su historia de la "República, Guerra Civil y Posguerra en los Valles de Liébana y Peñarrubia (1931-1957)", antes de añadir que «3 vecinos que se encontraban presos, fueron asesinados en el último momento para que no vieran el triunfo de los suyos.»

Uno de quienes participaron en aquellos incendios lo justificaba muchos años después con estas palabras, recogidas por Isidro Cicero en "Los que se echaron al monte":

«Desmoralización la teníamos todos. Nos iban acorralando hacia los Picos de Europa y poco a poco se iban haciendo dueños de todo. Luego venían las represalias: Nuestras hermanas con el pelo cortado, nuestros ancianos padres deportados a lugares nunca oídos. Nuestros rebaños dispersados, "el paseo" al amanecer, un hombre arrastrado por caballos hasta quedar descuartizado en la carretera, nuestras vacas asadas para italianos y navarros o en manos de nuestros antiguos enemigos. Estábamos acobardados, ansiosos de que aquello terminara de un modo o de otro, desesperados.

Luego estaban nuestros jefes. Eran unos convencidos. Nos arengaban animándonos a destruir: "sois unos fascistas, unos cobardes", gritaban si nos hacíamos los remolones. "Hay que quemarlo todo, para que aprendan". Y veíamos arder pobres casas como las nuestras a lo largo de nuestro éxodo hacia Asturias. Veíamos cómo eran asesinados pobres hombres como nosotros, de nuestro mismo tamaño y pelaje. La gente decía que éramos unas bestias sanguinarias y aquello una salvajada. El control de la situación estaba perdido. Antes, cuando éramos fuertes, nos limitamos a meter en un autobús a todos los derechistas de Potes, no para darles “el paseo”, aunque algunos fueron obligados a cavar trincheras, sino para llevarlos a San Glorio, apearles y decirles con ironía: "Iros con los vuestros, que os den ellos de comer". Pero ahora, verano del 37, el control de los nervios y el control de las personas se había perdido.»

Durante los días siguientes se completó la "conquista" de Liébana, al tiempo que comenzaba la represión, de la que puede ser ejemplo el asesinato de entre 4 y 7 personas ocurrido el 4 de septiembre en el cementerio de Potes.

Se cumplen ahora 80 años de estos acontecimientos que, como los que los precedieron y los siguieron en aquella Guerra Civil, esperamos no vuelvan a repetirse. Que su recuerdo sirva para ello.

Preparado el texto anterior, para ser publicado el día 2, vemos que César Gutiérrez Fernández también lo recuerda: aquí. De él tomamos la mayoría de fotos que lo acompañan.


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