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Texto de Osoro con motivo del Año Santo Lebaniego 1995/1996

21/04/2017

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El cardenal cántabro Carlos Osoro Sierra, que estará presente en la inminente apertura del Jubileo representando al Papa, escribió, con motivo del Año Santo Lebaniego 1995/1996, el texto que a continuación reproducimos, publicado en El Diario Montañés del 23 de abril de 1995.

Reflexión en voz alta ante el «Lignum Crucis»

Cada vez que oigo o canto esa letra que dice, "Victoria, tú reinarás./¡Oh cruz, tú nos salvarás! / Extiende por el mundo tu reino de salvación. / ¡Oh cruz fecunda, fuente de vida y bendición!", llega a mí el recuerdo del Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Allí, según la tradición, desde el s. IX, hay un trozo de la cruz en la que murió Nuestro Señor Jesucristo. Según la tradición la reliquia corresponde al brazo izquierdo de la Santa Cruz y está el agujero donde clavaron la mano de Cristo.

El "Lignum Crucis", preciada reliquia para todos los cristianos y muy especialmente para todos los discípulos de Cristo de esta región de Cantabria. El Señor ha querido dejarnos un recuerdo permanente de su paso por este mundo. Un recuerdo que nos haga encontrarnos y abrirnos a Él. A Él, que por nosotros entregó la vida. Ante el trozo de la Cruz del Monasterio de Santo Toribio de Liébana, hemos de preguntarnos, ¿cómo soportó Cristo la Cruz? Porque la Cruz, no sólo es el leño, el madero. Cruz es todo aquello que limita la vida, lo que los humanos llamamos las cruces de la vida. Cruz es todo aquello que nos hace sufrir y dificulta el caminar a causa de la mala voluntad humana. Cruz es el odio, la venganza, la violencia, los crímenes humanos.

El Señor no buscó la cruz por la cruz. Él siempre quiso buscar y enseñar a los hombres el espíritu que hace evitar que se produzca la cruz, tanto para uno mismo como para los otros. Ante la Cruz del Señor, es normal que nos preguntemos, pero ¿cómo Él que predicó y vivió el amor termine [sic] crucificado? Hay algo que tenemos que tener seguro y es esto: quien ama y sirve no crea cruces para los demás, ¿por qué? No genera egoísmos, ni ninguna mala cualidad en la vida.

Jesucristo, contemplado en la Cruz, produce una acogida del amor y de la vida de Dios en nosotros de una manera inigualable. Porque Él anunció la Buena Nueva de la Vida y del Amor. Se comprometió por esa Buena Nueva hasta dar la vida. Los hombres nos cerramos a esa Noticia que era Vida para nosotros. Y pusimos cruces en su camino. Acabamos colgándolo de un madero. Ese madero que ahora, al tener un trozo entre nosotros, nos hace recordar que nuestra vida ante Jesucristo queda cuestionada. Porque Él siguió amando, testimoniando. Él siguió en fidelidad absoluta la voluntad de Dios, por fidelidad a los hombres. Ante la cruz, nosotros reconocemos al Dios fiel y amigo de los hombres. Al Dios que se hace hombre para que nosotros alcancemos la medida de Dios. Esa medida que se alcanza entrando en comunión con Jesucristo. Andando este camino de la historia que está lleno de cruces, pero al mismo tiempo permaneciendo fiel a la entrega de la vida por los demás y en fidelidad a Dios que hizo lo mismo.

Llegar a Liébana en este año santo para arrodillarnos ante el "Lignum Crucis" tiene que significar para nosotros comprometernos a predicar la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, es decir, comprometernos a que exista un mundo en el que sea menos difícil el amor, la paz, la fraternidad, la entrega a Dios, la apertura. Significa optar, contando con la gracia y la fuerza de Dios, por la cultura de la vida, por la paz, por la solidaridad, por la justicia. Nos tenemos que comprometer a cargar con la cruz al estilo de Cristo, que lo hace sin odiar, lo realiza por amor a la verdad y por amor a todos los hombres, arriesga su vida y su seguridad personal y así confunde a los sabios de este mundo. Él nos enseña a solidarizarnos con los crucificados de este mundo, los deshumanizados y ofendidos en sus derechos. Él acepta cargar con la Cruz y morir en ella, porque así rompió la lógica de la violencia empleando el amor. Ir al Monasterio de Santo Toribio de Liébana este año santo tiene que significar para los cristianos, gloriarnos en la Cruz de Cristo al estilo de San Pablo, viendo en la Cruz, ese acto extremo de amor y de confianza, a la vez que de total descentralización de sí mismo.


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