Reportajes de Liébana


Camino de Urdón-Tresviso V

28/01/2015

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Una providencia del Gobernador de Santander del 20 de marzo de 1901, ratificada por otra de 2 de abril de 1908, otorgó a la Sociedad Hidroeléctrica Ibérica, con sede en Bilbao, los derechos de concesión del aprovechamiento de aguas del rio Urdón con destino a la producción de energía eléctrica. En 1908 esta Sociedad llegó a un acuerdo con Electra de Viesgo, constituida en 1906, para venderla dicho salto una vez construido, produciéndose la entrega en 1912, año en que Electra de Viesgo puso ya en servicio dos grupos de la Central de Urdón, entrando en producción un tercero en 1913. Pero vayamos por partes.

Empecemos por decir qué es lo que construía. Lo copiamos de la publicación "Madrid Científico" de 1909, donde se señala que la Sociedad Hidroeléctrica Ibérica "está ejecutando otra importante instalación eléctrica en un salto sobre el río Urdón, en Liébana, provincia de Santander.

Se van á instalar dos turbinas de eje horizontal, á cada una de las cuales irá directamente unido por acoplamiento elástico un alternador de 2.000 kilovolt-amperios. Estos alternadores, girando á 500 revoluciones por minuto, generarán corrientes trifásicas, de una frecuencia de 50 períodos y una tensión de 5.000 á 5.500 voltios. Las excitatrices irán directamente unidas á los ejes de los alternadores.

Para hacer el transporte de la fuerza, la tensión se eleva á 50.000-55.000 voltios, por medio de dos transformadores trifásicos de aislamiento de aceite y enfriamiento por circulación de agua. Son de la misma potencia que los generadores; el peso neto de cada uno es de 10.800 kilogramos, y han sido probados á una tensión de 83.000 voltios durante media hora y de 1oo.ooo durante un minuto.

El transporte se hace á una subestación situada en el Astillero, la conocida población, próxima á la ciudad de Santander. La distancia de transporte es de 60 kilómetros.

En el Astillero se colocan dos transformadores, iguales á los de la Central del Urdón, para rebajar la tensión á 5.000 voltios. Bajo esta tensión se llevará la corriente á Santander, Heras y otras poblaciones.

La maquinaria es suministrada también para este caso por la "Siemens-Schuckert", Compañía Anónima Española de Electricidad, que suministra asimismo los aparatos de gobierno y medida de las instalaciones: interruptores, amperímetros, voltímetros, etc., é igualmente los de protección contra las descargas atmosféricas y sobretensiones de toda clase.

La Central del Urdón tiene la particularidad de descansar sobre un puente que atraviesa el río."

La parte más difícil de las obras era la canalización del agua hasta la central, salvando casi cuatrocientos metros de desnivel, en un trayecto de unos cinco kilómetros, para lo cual fue necesario realizar voladuras y excavaciones en la roca, todo ello en un entorno enormemente abrupto.

Las obras que, al parecer, se habían parado tras haberse iniciado años antes, se reanudaron en 1909. En marzo de ese año trabajaban en ellas, dirigidos por Primo Arambilet, noventa hombres, que se ampliaron a unos doscientos los meses siguientes, lo que da idea de su magnitud. Pronto, sin embargo, se vieron afectadas por diferentes accidentes mortales.

El primero de que tenemos constancia ocurrió el 17 de marzo de 1909. Según contaba La Voz de Liébana, "estando los obreros José Valbuena y Juan Fernández trabajando en uno de aquellos elevados riscos, por donde se trata de abrir brecha para encauzar las aguas, de improviso cayó sobre ellos, según se nos dice, una enorme cantidad de piedra, produciendo la muerte del último y produciendo algunas heridas al primero."

Por tanto, Juan Fernández, natural de Valmeo, iniciaba una triste lista a la que pronto, el 25 de agosto del mismo año, se añadía un nuevo nombre. La víctima, en esta ocasión, fue el trabajador de las obras Antonio Cires, de 20 años, natural de Luriezo, quien "próximo al sitio titulado Matallana, término de Vejes", "al intentar pasar con un barril vacío al hombro, por una senda, que debido a lo accidentado del terreno, es en dicha parte un tanto peligrosa, resbaló y cayó con tan mala fortuna, que el golpe que recibió en la caida le provocó la muerte".

Si joven era Antonio Cires, más aún lo fue la siguiente víctima de las obras de la Central. Fue el 29 de enero de 1910 cuando Calixto Larín, de 18 años, natural de Frama, perdía la vida. Estaba trabajando "en el sitio titulado Cueto de Ave (punto muy expuesto por lo accidentado),cuando tuvo la mala suerte de resbalar, cayendo por un precipicio de considerable altura, produciéndose en su funesta caida la muerte, la que a juzgar por las señales que se apreciaron luego en el cuerpo del desgraciado debió ser instantánea."

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La tercera muerte en diez meses hizo exclamar al corresponsal en La Hermida de La Voz de Liébana: "¡Cuidado señores que va convirtiéndose en fatal este Salto para los hijos de Liébana!".

Y más que se convirtió cuando, menos de un mes después, el 21 de febrero de 1910, otros dos jóvenes lebaniegos perdían su vida en otro accidente. Calixto Besoy, de 21 años, de Frama, y José Fernández, de 34, de Cabañes, fueron los desafortunados. Además, el último "deja dos chiquitines huérfanos, y la mujer en estado interesante". Esta vez el accidente sucedió por la mañana cuando "se hallaban en Cueto Luengo (Osina) los obreros Calixto Besoy y José Fernández con intenciones de ponerse a trabajar, tan luego como diera la hora, cuando de improviso se desprendió una gran moriza de peñas que en su caida, causó la muerte instantánea a los ya citados, y sin que ambos pudieran evitar".

El informador destacaba que "Si el desprendimiento tiene lugar solo diez minutos después, entonces seguramente que hubiera matado toda la cuadrilla, que en dicho sitio trabaja a diario, y de la que formaban parte los malogrados obreros".

Y comenta: "Otra vez Liébana, vé el sacrificio de sus dos hijos que esclavos del trabajo y en la plenitud de su vida han rendido el hondo tributo, en este Salto tan fatal hasta el presente para los lebaniegos".

Pero si eso decía "El Corresponsal" (así firmaba) en La Hermida de La Voz de Liébana, el director del periódico escribió un duro artículo en el que, tras resumir la información del accidente, señalaba:

"Tan pronto como en Potes se recibieron las primeras noticias, confusas e incompletas, cundió la alarma entre las familias de los numerosos obreros que en dichas obras trabajan y fueron muchas las mujeres que dominadas por la natural ansiedad e impaciencia por saber de sus maridos y de sus hijos, emprendieron a pie el camino de La Hermida.

Llama la atención la frecuencia con que en dichas obras vienen ocurriendo accidentes como el referido. En poco más de un año y con un promedio de 200 obreros, han ocurrido ya cinco accidentes mortales, y muchos mas causantes de lesiones más o menos graves.

Suponemos que como nos ha llamado a nosotros la atención y a cuantos han tenido noticia de esa lamentable frecuencia se la habrá llamado también a los señores Inspectores provincial y regional del trabajo, y que ellos en cumplimiento de su deber habrán girado las oportunas visitas a las obras para comprobar si en ellas se observan las disposiciones legales sobre seguridad en el trabajo y habrán adoptado las medidas que proceden para depurar responsabilidades que pueda haber por incumplimiento de aquellas disposiciones.

Nosotros no sabemos en qué condiciones se ejecutan los trabajos en dichas obras; si tuviéramos conocimiento de algo denunciable lo denunciaríamos sin andar en rodeos, pues para nosotros la vida de un hombre es más sagrada que los intereses de cualquier compañía, por muy dignos que sean de respeto."

Desconocemos si este artículo tuvo influencia o no, pero lo cierto es que con posterioridad a él no hemos localizado noticias de nuevos accidentes en las obras, quizás porque mejoraran las medidas de protección o, quizás, simplemente, porque se impuso censura y no se dio cuenta de ellos.

De quienes no nos consta que protestaran por esa sucesión de accidentes es de los trabajadores. Es posible que la experiencia vivida en abril del año anterior, 1909, cuando se declararon en huelga, no les animara a hacerlo. El motivo de la huelga, declarada el 19 de abril, fue solicitar "un aumento de dos reales en los jornales que disfrutan en la actualidad y dos horas menos de trabajo", según publicaba La Voz de Liébana. Para evitar incidentes se concentraron en La Hermida "fuerzas de la benemérita de la mayor parte de los puestos de Liébana al mando del bizarro teniente del mismo cuerpo don Jesús Pajares". La huelga no se prolongó mucho y en el número del 30 de abril el periódico informaba de que "se halla conjurada la huelga, pues los obreros han pedido entrar al trabajo", sin que conste que se atendieran sus reivindicaciones.

La Guardia Civil tuvo que realizar diferentes intervenciones durante los años en que se prolongaron las obras por incidentes de menor importancia. De dos de ellas, que hemos localizado en La Voz de Liébana, se obtienen, además, otros detalles de las obras. Así, cuando se informa del robo cometido el 1 de noviembre de 1909 "en la taberna cantina que el vecino de este pueblo [La Hermida] Policarpo Ríos tiene abierta en Osina, próxima al sitio donde en la actualidad se están haciendo los trabajos para la construcción del Salto de Agua", que nos hace saber de la existencia de esa cantina, de la que se llevaron "varios pares de alpargatas, tabaco y otros objetos, todo ello valorado en más de diez pesetas". Y cuando se informa de la detención, ya el 15 de enero de 1911, del trabajador en las obras Francisco Durán, "natural de Orense", lo que pone de manifiesto que no solo fueron trabajadores lebaniegos los que participaron en las obras. La detención fue por negarse a pagar la cuenta en un establecimiento de La Hermida y oponer resistencia a la Guardia Civil.

Para terminar con lo relativo a la construcción del Salto de Urdón, vamos a hacernos eco de una información que se divulgó en 1909. Decía que "Como quiera que el salto del Urdón puede producir mil caballos de fuerza y la Electra del Viesgo no necesitará toda esa cantidad de energía se estudia ahora la posibilidad de aprovechar el resto para un servicio del tranvía eléctrico, que arrancaría de Unquera y recorrería la comarca lebaniega". Nunca más se volvió a saber de un proyecto tan megalómano.

La Central que, como dijimos, entró en servicio en 1912, en 1917 tenía tres turbinas de 1.750 HP y desde entonces ha sido una de las fuentes de generación de las que ha dispuesto Electra de Viesgo, primero, y las empresas que se hicieron cargo de ella, después. Hacia 1990, por ejemplo, su potencia era de 5.952 Kw. y producía anualmente unos 30 millones de Kw.

Como hemos visto, al menos cinco lebaniegos pagaron con su vida para que pudiera funcionar esa Central. Seamos conscientes de ello cada vez que pasemos cerca de ella y del canal, por el cual transcurre hoy una ruta, muy bien explicada en este reportaje (Ver), en cuyas abundantes fotos, vemos el resultado de esa gran obra de ingeniería a la que hemos dedicado esta entrega.


Enlaces relacionados

.- El camino de Urdón-Tresviso I

.- El camino de Urdón-Tresviso II

.- El camino de Urdón-Tresviso III

.- El camino de Urdón-Tresviso IV


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