Personajes Lebaniegos

Concepción Arenal

Concepción Arenal ha sido considerada socióloga, penalista, poetisa, publicista, escritora, feminista, periodista… De todo tiene, esta gran mujer (llegó a escribir hasta una zarzuela), precursora en la España del siglo XIX, de muchas cosas, desde la dignificación de la mujer hasta la búsqueda de una mayor justicia social.

Aunque Concepción Arenal no nació en Liébana (lo hizo en Ferrol el 31 de enero de 1820), debe ser considerada lebaniega, no en vano su padre lo era y ella pasó muchos años de su vida en Liébana, tanto en su infancia y adolescencia como ya de adulta. Su padre, Ángel Arenal, era de Armaño. Militar, había participado en la Guerra de la Independencia contra los franceses. De ideas liberales, secundó la sublevación de las guarniciones gallegas, ocupando allí cargos políticos durante el Trienio Liberal (1820-22). Incluso escribió un libro titulado "Ideas sobre el sistema militar de la nación española, derivadas de su constitución y del objeto de la fuerza armada". La posterior vuelta al absolutismo de Fernando VII hizo que fuese depurado, falleciendo poco después, en 1829, cuando su hija Concepción cumplía nueve años.

Tras su muerte, su viuda, junto a sus tres hijas, se traslada a Armaño, a casa de la abuela paterna. Concepción se instala así por primera vez en Liébana, en una etapa que dura cinco años largos. Son años en los que goza "de una vida libre de prejuicios sociales y en contacto constante con la naturaleza", como se lee en una de sus biografías.

Por estos años, da muestra de uno de los rasgos de su carácter: la valentía. Se cuenta que "una noche entraron unos ladrones en su casa de Armaño. Concepción, a pesar de ser una niña, fue la única que tuvo valor para coger la escopeta y disparar un tiro, cuya señal aún se conserva en la puerta de un balcón, por donde entraron los malhechores, que, al disparo, dejaron algunos cubiertos de plata en el corral" ("La Semana Lebaniega", 24/2/1929).

Probablemente sea en esta época cuando experimenta lo que años después cuenta, hablando en tercera persona, del siguiente modo:

"Una persona vivía hace ya muchos años en una pequeña aldea, apartada del mundo por altas montañas y por un aislamiento absoluto, conversando nada más que con algunos libros, y en la mayor soledad, su inteligencia y sus sentimientos. La incomunicación era completa; la vida, triste; el vacío, grande; la fuerza que se necesitaba, mucha; las ocasiones en que faltaba, frecuentes. Un día, levantándose enérgicamente después de una caída, puso su espíritu en comunicación con otros espíritus; vio y afirmó que en alguna parte, no sabía dónde, pero que en alguna parte, había criaturas que, como ella, pensaban y sentían, hermanos de inteligencia y de corazón a quienes amaría, y de los que sería amada si llegaban a conocerse; y, por su parte, empezó a amar a aquellos seres de cuya realidad no dudaba ya. ¿Los vería alguna vez? Lo ignoraba, y con su fe, su duda y su esperanza, hizo una composición poética que tenía el mismo título que este artículo, y que concluía así:

Si Dios, el dulce consuelo
Niega a mi dolor profundo
De veros aquí en el mundo,
¡Mis amigos! ¡Hasta el cielo!

Dios no le ha negado este consuelo. En el mundo ha ido hallando aquellas almas semejantes a la suya que había visto en la soledad, y aquellas manos piadosas que llamaba en su auxilio, y que hoy la sostienen en su penosa marcha."

Pero en 1834 se mudan a Madrid la madre y las dos hijas supervivientes (Luisa, una hermana de Concepción, murió en 1830). Las enseñanzas del colegio de señoritas al que asisten no son suficientes para ella, que lee y estudia por su cuenta ciencias y filosofía.

En 1840 vuelve, sola, a Armaño a cuidar a su abuela enferma, que muere al poco tiempo, al igual que su madre, que fallece en Madrid en 1841. Parece que ésta –de acuerdo a la mentalidad de la época, que veía a las mujeres únicamente como esposas y madres- limitaba las ansias de estudiar y de formarse de Concepción, por lo que su muerte liberó de ese obstáculo a Concepción, que llega, entonces, a vestirse de hombre para poder acudir a clases en la Universidad entre 1842 y 1845. Sin embargo, incluso en estos años de estancia en Madrid, no faltan las visitas a Liébana (por ejemplo, en septiembre de 1843), sea para pasar las vacaciones o por otros motivos.

En Liébana, dice el P. Julio Alarcón, "desde muy joven empezaron a llamarla por allí ‘la filósofa’, porque no gustaba perder el tiempo en vanidades femeniles; sus ocupaciones eran reflexionar, estudiar, escribir; su traje ordinario, una modesta bata de percal; su único inseparable compañero en todo tiempo, su paraguas; con él iba a uno de sus sitios predilectos, el Prado de los Pobres".

En 1848 se casa con Fernando García Carrasco, abogado y escritor. El matrimonio tiene tres hijos (aunque la mayor muere a los dos años) hasta la muerte de él, ocurrida en enero de 1857, a raíz de la cual, tras una corta estancia en Oviedo, vuelve a Liébana, donde vende los bienes de Armaño y se establece en Potes, en casa de Isabel de Agüero, la madre de Jesús de Monasterio de quien se hará gran amiga. Allí, inspirada por él, funda la rama femenina de las Conferencias de San Vicente de Paúl y allí madura su pensamiento y escribe numerosos artículos y obras.

La preocupación mostrada en sus escritos por la situación de presos y pobres y las grandes dotes mostradas en ellos, hicieron que en abril de 1864 recibiera -y aceptara- el nombramiento de "Visitadora de prisiones de mujeres", lo que le llevó a trasladarse a La Coruña, acabando así el que, a la postre, fue su último periodo de residencia en Liébana. Parece que también influyó en su marcha la necesidad de dar educación superior a sus hijos.

A partir de 1875, algo enferma, vive con su hijo Fernando, primero en Gijón y desde 1890 en Vigo, donde fallece el 4 de febrero de 1893.

Hay que destacar de Concepción Arenal su gran personalidad, su inteligencia y sus profundas creencias católicas. Son éstas las que inspiran buena parte de su obra; las que hacen anidar en ella las ideas de justicia y caridad; las que hacen que vea la dignidad de los presos, de las mujeres, de los pobres… y la defienda; las que la llevan, en fin, a actuar -asumiendo algún cargo, por ejemplo- para hacer el mundo un poco mejor…

SU OBRA

"Una inteligencia privilegiada para el estudio de los problemas más trascendentales, un corazón abierto a todos los afectos nobles, una voluntad infatigable en el servicio de las causas justas: esto fue la ilustre pensadora doña Concepción Arenal". Así comienza un artículo que el periódico barcelonés "La Ilustración artística" le dedicó el 3 de abril de 1893. Y sigue:

"La cuestión penitenciaria, la cuestión social y la cuestión de las relaciones internacionales de los pueblos ofrecieron especialmente ancho campo a su esclarecido talento, y al examinar los males que a la humanidad afligen en esos tres aspectos del desenvolvimiento de la vida del individuo y de las sociedades, no sólo estudió con elevación sublime las causas que los originan, sino que señaló con admirable espíritu práctico los remedios que deben, si no curarlos del todo, por lo menos mitigarlos en gran parte".

Esos tres grandes temas son tratados en obras como "La beneficencia, la filantropía y la caridad", "La mujer del porvenir", "Manual de 'El Visitador del Pobre'", "Ensayo sobre el Derecho de gentes", "La cuestión social", "La instrucción del pueblo", "Memoria sobre la igualdad social y política y sus relaciones con la libertad", etc. También en los numerosos artículos que publicó en la revista, por ella fundada, "La Voz de la Caridad".

No vamos aquí a extendernos en comentarlas. En los enlaces que acompañamos ya lo hacen estudiosos de Concepción Arenal. En todo caso, recomendamos, poco a poco, ir leyendo directamente su obra en cervantesvirtual.

Vamos a limitarnos aquí a reproducir una de las fábulas que escribió, en la que muestra, una vez más, su vinculación a Liébana a través del nombre del río, el Deva. Dice así:

"EL OSO Y EL LOBO.

En la cristalina fuente
Que tan pura el agua lleva
En su rápida corriente
Y se llama río Deva
Cuando llega al mar potente.
Y de Julio caluroso
Como las doce del día,
Llegó á beber presuroso
De un lobo en la compañía
Grande y corpulento un oso
El aura suave y pura,
Y la pradera florida,
Y la fuente que murmura,
Todo á descansar convida
Y paz ofrece y ventura.
Sentáronse á descansar
El lobo y el oso juntos
No viendo á nadie llegar,
Y después de otros asuntos
Pónense de este á tratar.
- Ya me acerco á la vejez,
Dijo el lobo, y por mas traza
Que en ello pongo ¡pardiez!
Cada día hay menos caza
Y mas hambre cada vez.
Pasan del Abril las flores,
Pasan las nieves de Enero
Sin que en estos alredores
Logre atrapar un cordero
A los malditos pastores.
-Te está muy bien empleado.
Respondióle grave el oso,
¿Por qué del hambre acosado
No has de tragar, melindroso,
De yerba un solo bocado?
¿Por qué no comes manzanas
Ni peras ni moscatel,
Que de nombrarle entro en ganas,
Ni maíz, ni rica miel,
Ni cerezas, ni avellanas
¿Tiene de razón asomo
Tu carnicera manía?
Come de todo, cual como,
Que si no, por vida mía,
Flaco has de tener el lomo.
Si acaso de hambre te mueres
De mi cariño leal
Ni el menor auxilio esperes;
No es lo que te pasa un mal
Si no porque tu lo quieres.
Mas el lobo replicó:
- Si comer frutas no puedo, -
- Pues qué, no las como yo?
No auxiliaré, no haya miedo
Al que la razón no oyó.

Así hallamos en la vida
Moralistas como el oso
Que intentan, cosa es sabida,
Con aire magestuoso
Cortarnos á su medida.
Poco es que la humanidad
Contra sus dogmas arguya,
No hay otra felicidad
Ni otra razón que la suya,
Ni tampoco otra verdad,
Si de un pecho dolorido
No comprenden la amargura
Esclaman: ¡dolor fingido
Y es necedad ó locura
La pasión que no han sentido.
Por no sé que facultad
Del mundo se i uzean dueños,
Y su grave necedad
creced; dice á los pequeños,
Y á los grandes, acortad,
Años hace que le oí
Decir como regla á un viejo
Y la guardé para mi,
« Que el sabio al dar un consejo
«Se acuerda poco de sí»" (sic)

Ver:

Tetos de Concepción Arenal en el Día mundial de la Justicia Social.

Tetos de Concepción Arenal en el Día Internacional de la Mujer.

ENLACES:

Biblioteca Virtual Cervantes

Filosofia.org

Estudio de María Cruz García de Enterría sobre la poesía de Concepción Arenal, en Google Books

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