Hoy, 14 de febrero, se celebra el día de los enamorados. De los sentimientos, como de la vida cotidiana, es difícil encontrar muestras en la documentación histórica. Sin embargo, leyendo entre líneas, de vez en cuando se encuentra algo como lo que sigue, que pasó en Argüébanes a principios del siglo XIX.
Para empezar digamos que, por esta época, como en los siglos anteriores, era habitual que los padres concertaran el matrimonio de sus hijos, otorgando las correspondientes escrituras. Esto era así sobre todo en las familias más acomodadas económicamente, pero también era práctica habitual de las modestas.
Pues bien. El 2 de noviembre de 1807, aprovechando, seguramente, que habían bajado a la feria de Los Santos, dos veinteañeros de Argüébanes, Eugenio de la Vega y María del Corral, se acercaron en Potes hasta el oficio del escribano Vicente Gutiérrez de Lamadrid para declarar que habían decidido casarse o, como se decía entonces, que tenían tratado casarse. María vivía con sus padres y de Eugenio vivía el padre. Pese a ello, se presentan sólos en la escribanía, cuando lo normal, cuando se capitulaban matrimonios, era que estuvieran presentes los padres y fuesen ellos quienes se comprometieran a apoyar al nuevo matrimonio.
¿Qué les lleva a ello? Según declaran, quieren «ebitarse que [a] uno u otra, mal aconsexados, se les suxete a nuebo enlaze». Es decir, quieren evitar que, mal aconsejados, les hagan casarse con otro u otra. Por ello, «se dan recíprocamente palabra y mano de futuro matrimonio», que efectuarán cuando «por qualquiera de los dos sea pedido».
Hasta ahí la escritura, que no firman, porque no sabía escribir ninguno de los dos.
¿Qué pasó después? ¿llegaron a casarse? La respuesta es que sí, aunque tuvieron que esperar hasta el 28 de febrero de 1810, según consta en el libro de casados de la parroquia de Argüébanes. Casi un año antes, había fallecido la madre de ella, Benita de la Guerra, que fue enterrada el 1 de abril de 1809 en la iglesia del pueblo, «arrimada la cabeza al poste que sostiene la viga y antepecho del coro y lado del Evangelio». Podemos elucubrar que ésta se oponía al matrimonio y que, tras su muerte y un prudencial periodo de luto, pudieron casarse, pero no deja de ser una especulación.
Eugenío y María permanecieron casados treinta años, hasta el fallecimiento de ella el 8 de abril de 1840. Tuvieron dos hijos que llegaron a adultos, Vicente y Clara, y alguno más que falleció de párvulo.