A finales de 2025 los franciscanos de la Provincia de Aránzazu dejan el monasterio de Santo Toribio de Liébana en el que estaban desde 1961
16 de abril de 1961. Esa es la fecha oficial de entrada de los franciscanos de la entonces Provincia de Cantabria, hoy de Aránzazu, en Santo Toribio de Liébana. En realidad, hacía ya varios años que se llevaban a cabo negociaciones, después de que otras órdenes religiosas, empezando por los benedictinos a quienes primero se les ofreció por haber sido quienes ocuparon el monasterio hasta la Desamortización de 1835, hubieran dicho que no.
También los franciscanos iban a rechazar el ofrecimiento debido al estado de ruina total del monasterio. Sin embargo, el P. Benito Mendía, el superior provincial, después de orar un rato ante el Lignum Crucis, cambió de idea y defendió hacerse cargo del monasterio. Fue el 6 de octubre de 1959 durante una visita en la que «iba seguro de que sería una mera visita de devoción y turismo; mas no fue así: fui testigo de que en él se operaba una transformación mientras adoraba el Santo Madero. Al regreso, en las sinuosidades de La Hermida, ya me manifestaba que por su parte aceptaba el Monasterio». Esto contaba el P. Anasagasti, uno de los que participaron en la negociación que culminó en abril de 1961.
La primera comunidad que vivió en el monasterio estaba formada por Fr. Félix Jaureguialzo, que fue el primer superior, Fr. Ceferino Nava, Fr. Inocencio Urbistondo y el lego Fr. Santiago Lama. Jaureguialzo quiso poco después de su llegada mostrar su agradecimiento por la acogida: «Gracias a Dios por su inenarrable dádiva: traernos a este bendito lugar, Santuario de la Santa Cruz, y encontrarnos un clero tan celoso y ejemplar y un pueblo que de veras aprecia y ama su tesoro: el Lignum Crucis».
Desde entonces, durante los 64 años largos de estancia en Santo Toribio, en torno a una cincuentena de frailes han pasado por el monasterio, alguno de ellos falleciendo incluso en él, como sucedió con Jesús Otaegui en 1968. Los superiores que ha habido en estos años han sido: Félix Jaureguialazo (1961-1970), Jesús María Aranzabe (1970-1973), José María Azcue (1973-1976), Juan Ignacio Larrea (1976-1985), Juan Manuel Núñez (1985-1991; repitió entre 2009 y 2021; y nuevamente en 2024-2025), Carmelo Ajuria (1991-1994), Victorio Zabalgogeaskoa (1994-2003), Luis Domingo Gaya (2003-2009) y José María Lucas (2021-2024).
A lo largo de todos estos años, los franciscanos han vivido en Santo Toribio el último jubileo de ocho días, en 1962 (tenía que haber sido en 1961 pero, por las obras en el monasterio, se autorizó celebrarlo al año siguiente), y todos los jubileos de año completo que desde 1967 han tenido lugar. Pero no solo han atendido a los peregrinos que han llegado esos años y en cualquier otro (en los primeros años, había hasta cuatro misas los domingos y festivos y tres en los laborables). También contribuyeron a la reconstrucción del monasterio; se han ocupado de numerosas parroquias de la comarca de Liébana (empezaron con tres y acabaron superando la veintena); han casado, bautizado y enterrado a muchos lebaniegos; han atendido su hospedería y organizado retiros y ejercicios espirituales, sobre todo en los primeros años; han contribuido a difundir las grandezas del monasterio con distintas publicaciones, etc.
En cuanto a éstas, conviene citar las obras "Liébana. Reliquia y paraíso" de Pedro Anasagasti (1962) y "Santo Toribio y la reliquia de la Santísima Cruz", de Juan Ariceta, quien también publicó un "Directorio espiritual del cofrade de la Santísima Cruz" (1981). Ariceta fue habitual colaborador de la revista "Luz de Liébana", sin faltar prácticamente nunca su comentario mensual entre 1967 y 1986. No fue el único que escribió en la revista comarcal: antes que él, el primer superior Félix Jaureguialzo y después algún otro también lo hicieron.
Ahora, en noviembre de 2025, se produce la marcha de los franciscanos de Aránzazu motivada por la falta de vocaciones y la elevada edad de sus religiosos. El día de Todos los Santos tuvo lugar la ceremonia de despedida con una misa de acción de gracias en la que el P. Arregui, actual superior provincial, quiso mostrar su agradecimiento a todos los que de una forma u otra han colaborado con ellos, pedir perdón con humildad franciscana por lo que hayan podido hacer mal en esos años y solicitar que se trate igual de bien que a ellos a la nueva comunidad franciscana procedente de México.
De interés:
Llegada de los franciscanos en 1961: así lo contó el locutor Alfonso Pereda.