El mes pasado se cumplieron 100 años de la celebración en Pembes de un día grande, ligado a las donaciones del indiano del pueblo Mariano Larín, a quien mostraron su agradecimiento. Lo vemos
Mariano Larín, natural de Pembes y vecino de Cuba, llevaba años ayudando a su pueblo. Ya a fines de 2019 recogimos la celebración por el pueblo del centenario de la inauguración de la fuente que donó el citado Larín y dimos cuenta de cómo lo contó La Voz de Liébana (ver aquí y aquí).
Larín siguió haciendo donaciones a su pueblo y el 22 de julio de 1925, aprovechando la bendición de lo que donó para la escuela del pueblo y de unas imágenes para la iglesia, el pueblo quiso agradecérselo, viviendo un día de fiesta, aunque Mariano Larín no asistiera, estando representado por su hijo Justo.
Para saber cómo transcurrió aquel día contamos con la crónica que, bajo el título "Un pueblo agradecido", publicó el 2 de agosto de aquel 1925 en El Pueblo Cántabro el corresponsal del periódico en Liébana, "T.B.O.". La copiamos íntegramente:
«El día 22 de julio fue un día que habrá quedado grabado en el corazón de los vecinos de Pembes.
Dos son las imágenes que ese día fueron bendecidas por el señor arcipreste, don Isidoro del Campillo, para seguidamente colocarlas a la adoración de los fieles en la bonita iglesia de Pembes.
Una era la Inmaculada, hermosa efigie que las Hijas de María del citado pueblo regalaban a su iglesia, y la otra una hermosa escultura del Niño Jesús de Praga que los niños de las Escuelas de Pembes compraron con un donativo que para golosinas les había sido entregado por orden del gran hijo del pueblo, con residencia en la perla de las Antillas, don Mariano Larín.
Es este lebaniego uno de tantos que cansados de trepar por estos riscos se deciden un día a atravesar esos inmensos mares, para desembarcar en lejanas tierras, y con la constancia en el trabajo y una honradez a prueba de bomba, van cimentando una fortuna que les permita agrandar sus negocios y ver crecer su capital como la espuma, y entonces es cuando más se acuerdan del pedazo de tierra que dejaron y no desperdician ocasión para demostrar a sus antiguos convecinos el mucho cariño que a su pueblo natal tienen.
Por esto don Mariano Larín, después de arreglarles la fuente, de hacerles unas Escuelas, de regalar las mesas y bancos para las mismas, se acuerda de que la iglesia en que fue bautizado es iglesia pobre y le regala hermosos candelabros y candeleros de oro, un hermoso frontal tejido en oro y paño de altar; y como los vecinos de Pembes conocen la esplendidez del donante, escogen este día para demostrarle su agradecimiento, y para que en la fiesta esté representado, invitan a ella a su hijo, don Justo Larín, que en unión de su joven y bella esposa, son los que apadrinan la bendición de las imágenes, en nombre de su señor padre, que por hallarse en tierras cubanas no ha podido asistir a tan solemne acto.
Desde muy temprano demostró el pueblo su júbilo. Tan pronto como rayaba el día, infinidad de cohetes voladores surcaban el espacio y con sus estampidos quebrantaban el silencio que por aquellas alturas reina.
Salió de la iglesia la procesión para bendecir y recoger las imágenes del altar que expertas manos habían levantado en la fachada de la casa de don Miguel Celis, altar que hábilmente escondido entre follaje, acababa de ser ocultado por una hermosa y rica cortina, cortina que recorrió don Justo y su esposa para que el señor arcipreste bendijera las imágenes dichas, llevándolas acto seguido triunfalmente al sitio destinado en la iglesia parroquial.
Seguidamente se dijo una misa de tres capas, en la que ofició el señor párroco de Cosgaya, don Constantino Bayón, ayudado por los señores párrocos de Mogrovejo y Tanarrio.
El sermón, a cargo del párroco don Olegario Fernández, fue oído con especial atención por cuantos ocupaban el templo, habiendo dado a conocer a sus feligreses, después de poner de manifiesto las bellezas de la Inmaculada y del Niño Jesús de Praga, las donaciones que el hijo del pueblo, don Mariano Larín, había hecho a la iglesia.
Concluída la misa, se dirigió todo el pueblo a la Escuela para bendecir también lo donado por el señor Larín, y tanto en este acto como en la bendición de las imágenes, unas hermosas niñas, hábilmente preparadas por su profesora, recitaron bonitas poesías.
Se me olvidaba decir que tanto el altar donde estaban las imágenes como la iglesia, estaban tan artísticamente adornadas, que parecía que en este trabajo había puesto las manos el Padre Valle.
Después se celebró el banquete en casa del señor cura, presidiendo la mesa el señor arcipreste, don Justo Larín y su simpática esposa.
Dar una lista de los comensales sería difícil por el gran número que asistió, limitándome sólo a decir que la casa demostró tener buena cocinera, buenos tabacos y que los comensales correspondieron derrochando buen humor.
Por la tarde se rezó el santo rosario y luego, al son del pandero, se bailó todo lo que se pudo, y los que bailar no quisieron jugaron a los bolos hasta que se cansaron».
Hasta aquí la detallada crónica de 1925 a la que no añadimos nada más, salvo la precisión de que en la crónica del periódico el apellido del benefactor aparece continuamente como "Lavín", en lugar del correcto Larín que hemos empleado.